Por Patricia Giovine
EL PASO, Texas (Reuters) - El periodista mexicano Armando Rodríguez, reconocido por su cobertura de los asesinatos entre bandas de su natal Ciudad Juárez, yacía en un ataúd, asesinado supuestamente por narcotraficantes.
Mientras su colega Jorge Luis Aguirre manejaba rumbo a su funeral en la ciudad, sobre la frontera con Estados Unidos, sonó su teléfono celular. Una voz ronca le entregó una advertencia escalofriante: "Eres el próximo".
"Me fui de Juárez aterrorizado el mismo día que velaban el cuerpo de Armando", dijo Aguirre, editor del sitio de internet La Polaka que actualmente se publica desde Estados Unidos.
El periodista se sumó a un creciente número de mexicanos que huyen de la violencia de los cárteles de la droga en
Ciudad Juárez y sus alrededores para comenzar un largo proceso de pedido de asilo político en Estados Unidos.
Más de 9,300 personas han sido abatidas a tiros, mutiladas o decapitadas en la sombría ciudad industrial, al sur de El Paso, Texas, desde principios del 2008, cuando los cárteles rivales de Juárez y Sinaloa comenzaron una guerra sin cuartel por una de las principales rutas para traficar drogas.
El conflicto desencadenó más violencia, con las pandillas locales vinculadas a los cárteles, luchando entre sí y dedicándose a extorsiones y secuestros. El Ejército mexicano y la policía federal enviada para frenar el caos también son culpados por muchos residentes de asesinatos y otros abusos.
En medio de la violencia, los pedidos de asilo desde México alcanzaron un récord de 5.551 el año pasado, según datos del Gobierno, una cifra más de un tercio superior a cuando el presidente Felipe Calderón asumió su cargo y envió a los militares a combatir los cárteles.
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