
Ariel Larramendi
Cocaína
La producción de drogas, narcóticas o alucinógenas, como la cocaína, la heroína o la morfina descansa en dos fuentes fundamentales: la primera, la materia prima, que es la hoja de coca y la flor de amapola y la segunda, los elementos químicos, llamados precursores, para lograr el producto final, la droga como tal.
Los precursores químicos, para elaborar la droga, son los ácidos, solventes y bases que también tienen una amplia gama de usos industriales legítimos.
Los productores de estos precursores químicos son también grandes transnacionales que conocen que parte de sus producciones son desviadas hacia la elaboración de psicotrópicos, es decir narcotráfico.
Se ha constatado que para la producción mundial de estupefacientes se necesitan del uno al dos por ciento de estos llamados precursores químicos, lo que significa gran cantidad de dinero.
Esos productos tales como la acetona, el ácido sulfúrico y el permanganato de potasio son para elaborar heroína o para convertir la pasta semirrefinada de coca, también conocida como pasta básica, en el polvo blanco con 90 por ciento de pureza que se vende o que se adultera en las calles de Estados Unidos y Europa.
En lo que respecta a las drogas ilegales procedentes de arbustos o plantas, los precursores químicos son los componentes más caros en el proceso de elaboración de la droga.
Las autoridades de distintos países, sostienen que producir un kilogramo de cocaína puede costar entre 750 y mil 200 dólares.
En medio de las medidas contra los precursores químicos tomadas en Colombia, por ejemplo, las autoridades dijeron que los traficantes están trasladando algunos de los laboratorios a Centroamérica.
La descentralización del negocio de la producción, tráfico y venta de drogas ha adquirido las características propias de una industria de cooperación y colaboración internacional.
Pero al igual que sus similares legales trasnacionales, los cárteles de la droga tratan de dominar todas aquellas actividades productivas y de servicios que se necesitan para obtener y distribuir el producto final.
De ahí que estos cárteles ilegales de las drogas hayan invadido países de débil infraestructura en la protección fronteriza como en Centro América y la frontera sur de México, o fronteras selváticas donde la vigilancia se hace difícil y en donde ya campean por sus respetos convirtiéndose en una plaga de corrupción, tráfico de influencias y penetración clandestina en los círculos gubernamentales, así como en los tribunales, el parlamento y el ejército.
O lo que es lo mismo, que se produce pasta básica de cocaína en Colombia, por ejemplo, y luego la envían a países con menores controles, lo que ha determinado un cambio en las producción y distribución que debe seguir la droga hacia el consumidor principal, Estados Unidos.
Y como se puede concluir, toda esta producción, distribución y comercio ilegal de los narcóticos en el mundo, constituye un factor multiplicador de las ganancias muchas industrias legales, semi-legales y completamente clandestinas.
De este tráfico se benefician traficantes de armas y de personas, bancos, paraísos fiscales, sin descontar el asesinato y la guerra entre cárteles por el dominio de segmentos mercado mundial.
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